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miércoles, 15 de octubre de 2008

EL ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL



EL ACOMPAÑAMIENTO ESPIRITUAL
Por: Edinson Orlando Herrera Bedón, smm

Ya en el artículo sobre el acompañamiento y la dirección espiritual en la experiencia de nuestro santo Fundador encontrábamos cómo el creció en un ambiente de profundo respeto por el papel del director espiritual como gobernante la vivencia cristiana de la persona, guía. Por lo que expresaba para los miembros de la pequeña Compañía cómo debían «Obedecen a su director espiritual –que es siempre de la Compañía– en el gobierno de sus conciencias, explayando ante él su corazón como el agua, con entera confianza, no haciendo ni omitiendo nada considerable sin habérselo hecho saber y sin haber recibido su aprobación o permiso.» (RM 20)

No así, había algunos apartados de su vida que no se podía entrever su papel concreto como director o acompañante, entre ellos lo vivido en la correspondencia que tuvo con María Luisa Trichet, de la cual prácticamente no tenemos más dato que el hecho de haber sido quemada por consejo del mismo San Luis; como también la manera en que obraba para instruir a su discípulo más fiel y cercano: Maturin. Sorprende en la experiencia de Montfort, cómo él creciendo en un ambiente de dirección espiritual no se amolda del todo a ello, su deseo profundo de santidad le lleva a tomar decisiones y a una capacidad de discernimiento de las situaciones que es admirable, por encima del mismo director espiritual; es decir, que era un hombre embargado por la humildad ante Dios, tanto, que podía llevar su ritmo propio de camino hacia santidad, auspiciado ciertamente de una grandiosa experiencia espiritual de vida, oración, trabajo y estudio propios para las necesidades mismas de la misión, llegando a definir sus intuiciones misioneras en la Bretaña francesa por lo cual los misioneros seguidores de su espíritu misionero son llamados por Dios para las misiones en pos de los apóstoles pobres (Ver RM 2) buscando revelar el misterio de la salvación a quienes no lo conocen y ayudar a descubrirlo de nuevo y profundizar en él a quienes ya han escuchado la Buena Noticia, mediante una toma de conciencia renovada del sentido de su compromiso bautismal. (MH 9); sin embargo, no podemos olvidar ocasiones en que la ingenuidad y confianza de San Luis le llevaron a aprender a la fuerza sobre aquellos que le querían seguir más luego le engañaban para forjarse en él la idea de hombres llamados por Dios para las misiones.


Por consiguiente, al leer hoy a San Luis y los datos que nos da sobre el modo de acompañar desde el tinte propio implica tener presente un itinerario para quienes nos hallamos ene este recorrido dentro de la escuela de María, como lo ha señalado la Ratio última que hemos recibido:
“En la escuela de María, nuestro recorrido de formación es un itinerario específico de consagración montfortiana: comulgamos con la fe pura de María: VD 214, que nos conduce a la inteligencia del espíritu que refleja su dócil acogida y obediencia a la voluntad de Dios: Lc 1, 26…; Jn 19,25… aquí cada montfortiano se ve siempre mejor introducido en una prudente humildad y en la “libertad de aprender durante toda su existencia, a cualquier edad y en todas las estaciones de la vida, en cualquier ambiente y contexto humano, de toda persona y de toda cultura” (Partir de nuevo de Cristo, 15). Como Jesús se hizo dependiente de María en su humanidad, nosotros dependemos de ella para llegar a una humanidad renovada.

Este itinerario comprende también actitudes que hacen posible y realizable nuestro camino de formación. Las principales son:
- La Implicación entera, responsable y activa de la persona, primera responsable del proceso educativo: Jn 2,1-11
- Una actitud fundamentalmente positiva en las confrontaciones con la realidad, actitud de reconciliación y gratitud frente a su historia personal y la historia de los otros: Lc 1, 39-56.
- La Libertad interior y el deseo de dejarse “instruir a partir de todo fragmento de verdad y de belleza que haya alrededor de si” (Partir de nuevo de Cristo, 15)
- La capacidad de relación con la alteridad, es decir, de integración fecunda –activa y pasiva– de la realidad objetiva, otra y diferente de mi, hasta dejarse formar por ella: Lc 2, 33…"[1]

Esto en una actitud de conversión continua, respondiendo al llamado a ser libres, que nos conlleva a una manera de ser que nos es propia[2]. Tal itinerario espiritual permite hacerse un mejor y verdadero discípulo de Cristo en una unión e incorporación creciente y progresiva con él.[3] En este itinerario se distingue plenamente la clave hacia el acompañamiento, tanto en la experiencia del acompañante como en la del acompañado: la humildad responsable como nota actitudinal característica del proceso del acompañamiento, movidos por el deseo profundo de la Santidad, de llegar a ser perfectos como el Padre del cielo lo es.

Entonces, resulta de gran pertinencia tener en cuenta una
“atención al crecimiento humano que tendrá diferentes características según las diferentes etapas de la vida… El joven deberá ante todo probar su madurez, buscando el pleno conocimiento de si mismo en la perspectiva de una opción responsable y libre. Para ello se le ha de ayudar a descubrir su capacidad de autonomía lo mismo que sus posibilidades y sus limitaciones. Igual se hará respecto de su capacidad de relación y de colaboración con los otros. Se prestará atención muy particular a las dimensiones sicológicas y afectivas de la persona y a su capacidad de fidelidad a largo plazo”[4]

Ahora bien, ya sabiendo algunos detalles sobre las actitudes del director, que se pueden tener presentes en el acompañamiento[5] se hace necesario tratar de encontrar una definición sobre los que nos interesa en concreto: el acompañamiento espiritual, teniendo presente que Luis de Montfort, aunque creció en ambiente de Dirección, siempre logró llevar su propio ritmo, con lo que sólo se permitió dejarse acompañar y ser acompañante en cuanto a la distancia con su director y acompañados que le hizo realizarlo casi todo por correspondencia, desconociendo con certeza la experiencia de acompañamiento con los que caminó en las misiones, sus discípulos más cercanos. El acompañamiento junto con el diálogo clarificador, es comprendido hoy como una estrategia para la construcción del sentido de vida y por ello implica ser compañero de camino.[6] San Luis era un caminante, un peregrino en su hacer y su ser mismo, y desde allí asume el acompañamiento de la que sería religiosa, de los que serían siempre miembros de la Compañía de María. Por el camino les animaba y orientaba y, nada raro que en los retiros les instruyera.

De aquí pues, que el acompañamiento se base en una búsqueda, un deseo y un compromiso. La búsqueda nace en el interés por encontrar respuestas a inquietudes, por lo que el proceso se da entre la claridad y la confusión aparentes, enmarcados en una historia propia de la relación con Dios y su entorno.[7]

Así, el acompañamiento es “el espacio fundamental para que la gracia de Dios pueda acontecer, es decir, en el acompañamiento Dios toma la iniciativa del encuentro.”[8] Por consiguiente el acompañante, es instrumento de Dios, y deja que Dios acontezca en el acompañado, que el acompañado se encuentre con Dios en un proceso de confrontación y discernimiento. Es más, el acompañamiento jamás es una terapia psicológica –advierten los autores-, aunque sea terapéutico, pues es el encuentro con Dios el que transforma y ordena. El acompañamiento tiene en cuenta, como sabemos, que el protagonista real es el Espíritu de Dios, que va guiando y orientando al ser humano en particular hacia Dios mismo, como lo ha hecho siempre con la Iglesia desde los tiempos apostólicos (Ver Hechos de los apóstoles).

Para tener en cuenta en el acompañamiento

Si nos detenemos a indagar sobre estos apuntes en la vida de san Luis realmente fueron posibles, sin embargo, aquí tan sólo las enuncio para reflexionar y meditar en nosotros mismos.

Claridad. Aunque se realicen estrategias y herramientas psicológicas en el acompañamiento, jamás es este una acción terapéutica. Es el encuentro de dos creyentes ante Dios para descubrir su voluntad. Esto evita tensiones y confusiones. Es un diálogo entre creyentes.

No basta la buena intención. Nadie da de lo que no tiene. Quien acompaña es porque vive el acompañamiento. Esto facilita el encuentro de la persona con Dios

Límites. En toda relación humana los principios mínimos fijados facilitan el desarrollo y claridad de lo que se pretende o busca. Estos límites dan transparencia al proceso.

Intenciones. Clarificar las intenciones que se tiene. Es el acompañamiento el espacio privilegiado del encuentro entre creyentes con Dios. Es necesario el diálogo entre Dios y el acompañado, entre Dios y el acompañante: oración – discernimiento.

Roles. Los autores proponen tres tipos de roles falsos presentes en toda relación: perseguidor, salvador y víctima. Los primeros, son quienes quieren corregir al mundo y dicen qué está o no correcto, para todo tienen una palabra y una acción. Si las cosas, algo o alguien no salen como piensa, o se le oponen entonces asume un nuevo enemigo natural. Sólo ven defectos y fallas en lo otro y los otros; expresan: ¡¿no te lo dije?!, eso te sucede porno hacerme caso, ¡fíjate! Yo te avisé, como no le creen a uno, ahí tiene por… Los segundos, quieren cuidar a todo el mundo, siempre quieren ayudar y de alguna manera terminan desvalorizando toda iniciativa y creatividad de los otros; generalmente son quienes necesitan afecto, pero no lo saben pedir ni recibir y terminan dándolo a los otros, más de lo necesario, crean dependencias afectivas; expresan: tengo que ayudarlo, es que … me necesita, yo soy el único que le entiende o ayuda, ¿qué voy a hacer por esta persona?, es que es tan frágil… Los terceros, hacen de su vida una incapacidad, es ésta el resultado de los demás, no asumen sus propias responsabilidades, por lo que siempre tienen disculpas y justificaciones para no cambiar su vida y e hacen impotentes ante nuevas situaciones, decisiones y opciones; se expresan así: Uno bruto como yo quien los contrata, a mi siempre me pasa esto, que mala suerte tengo, soy un salado, nada me sale bien, nuevamente me pasa y a mi precisamente, ¿cómo salgo adelante si no tengo…?

Estos roles son asumidos con afán consciente o no, por muchas personas, hasta nosotros mismos pasamos de uno a otro rol. Las relaciones entre estos roles pasan de menos a más o de más a menos, o de menos a menos. Sin embargo, en el acompañamiento se trata de un encuentro de dos creyentes, entre dos personas, creyentes, entre dos “yo”: más-más, “yo”-“yo”[9]. Esto hace posible hacerse compañero de camino, tomando como referencia iluminadora la experiencia del Resucitado con los discípulos de Emaús, quienes están en el papel de victimas, exponiéndose a aceptar un perseguidor o un salvador dependiendo de éste. Jesús se mente en el camino de los discípulos y establece una relación de persona a persona, de resucitado a resucitado, actuando como un espejo que refleja y lleva a tomar conciencia a los discípulos de los sucedido, preparando con ello el terreno para la resurrección.


Lo que NO es el acompañamiento.

Las características mostradas aquí, se presentan de manera positiva desde lo que es el acompañamiento.

- Dirigir. Se va a ritmo del acompañado. Se trata de acompañar la acción del Espíritu, sin jerarquías. Dirigir produce en el acompañado: resistencia, dependencia, pasividad y rebelión.

- Normativizar. La configuración en el acompañamiento es con Cristo, por ello se confronta la historia personal con Dios. Normativizar produce: miedo, sumisión, rabia, hipocresía y resentimiento.

- Sermonear. Quién descubre lo que no va bien en la vida es el mismo acompañado en la medida en que la gracia actúa, no lo hace el acompañante, quien debe orar para que acontezca Dios en la persona. Moralizar y sermonear produce: sentimiento de culpa, mecanismos de defensa, incredulidad, rabia en indiferencia.

- Aconsejar. Como el acompañante se ve movido a no callar, su tarea está en descubrir el paso a dar del acompañado en su encuentro con Dios. El mayor bloqueo del acompañado es el EGO (yo mismo, mi egoísmo), por ello ante una situación es él quien maquina la solución desde su perspectiva. Esto evita que e acompañado se desligue de su propia responsabilidad con su propia vida. Al acompañado no se le debe hacer fuerza para convencerlo, pues es vulnerable. Aconsejar produce: dependencia, inferioridad, quita creatividad, no profundizar en el problema, cansancio, no resolver nada y ponerse a la defensiva.

- Juzgar. No se trata de actuar como juez. No se evalúan resultados, se confronta; es decir, se muestra las diversas perspectivas, las diversas realidades que subyacen sobre la que se muestra para descubrirlas e interpretarlas. Se prepara al acompañado para que pueda ver de diferente manera una realidad. Juzgar produce: inseguridad en sí mismo, baja autoestima e inferioridad.

- Interpretar. El centro del acompañamiento es el acompañado en su encuentro con Dios. Por ello, el proceso no le corresponde al acompañante por muy preparado que sea. Interpretar produce: actitud amenazante, frustración, miedo a comunicarse, inferioridad y falsa seguridad.

- Consolar. Aunque el encuentro con Dios sea doloroso, el acompañante debe dejar que suceda, sin ponerse en el papel de salvador. Las lágrimas son signo del encuentro con Dios y el dolor una manera de expresar lo que e lleva dentro –expresan los autores-. Es fructífero el encuentro cuando se ve en silencio el dolor sanador del otro y no se interviene. Este silencio que acompaña es mediador de la gracia. Consolar produce: represión de los sentimientos, falsa seguridad, retroceso en el proceso, manipulación del acompañante y sentirse digno de lástima.

- Investigar. No se trata de interrogatorios para saber intimidades o detalles de la realidad del acompañado. El silencio es importante aquí. Las preguntas han de ser generales y abierta, que den apertura al acompañado para expresar lo que estén dispuestos a compartir. Investigar produce: miedo, inseguridad, silencio, mentira y tendencia a esconderse.

- Ponerse como modelo. El acompañante no es modelo de nadie. El único modelo es Cristo Jesús. No se debe caer en la tentación de hablar de la propia cosecha. El proceso de cada ser humano es diferente, aunque se parezca. Esto produce: inseguridad, heteronomía, rechazo, debilidad, desconcierto y falta de respeto a la propia individualidad.


LA DINÁMICA DEL ACOMPAÑAMIENTO EN LA PERSPECTIVA DEL RESUCITADO

Hacerse compañero de camino

La propuesta de Arango y Meza, parte desde el episodio de los caminantes de Emaús en que el Resucitado se hace compañero de camino. Aquí, pedagógicamente, acompañante y acompañado entran en un proceso de aprendizaje, construcción, designado con la palabra SABER, es entonces, el camino de Saber acompañar.

Primer momento: SABER PREPARAR. Ver Lc 24, 13-16. El resucitado buscó su lugar en la conversación, en el camino. Es compañero de camino desconocido, imperceptible. Entonces se acerca y sigue con ellos, va al ritmo del acompañado. Entonces, esto implica determinar modos y tiempos oportunos para “llegar” al proceso del acompañado. Actitud: PRUDENCIA.

Segundo momento: SABER INICIAR. Ver Lc 24, 17a. Es acercarse para escuchar. Atender a lo expresado para realizar preguntas inteligentes. El resucitado hace una pregunta “ingenua” pero precisa y eficaz, como herramienta para que el acompañado realice su interiorización.

Tercer momento: SABER DIALOGAR. Ver Lc 24, 17b-24. Esto es encarnar la palabra en la realidad de los compañeros de camino. Se trata de permitir que el acompañado exprese su palabra desde su realidad, así el corazón arde y se restaura el rostro de Dios en él y sus hermanos en procesos de autocomprensión y comunicación. Ellos cuentan su historia como la sienten y viven. El resucitado sólo escucha, sin intervenir, entiende la historia contada en su globalidad.

Cuarto momento: SABER CONFRONTAR-DISCERNIR. Ver Lc 24, 25-27. Se necesita lucidez crítica ante el anuncio del Reino frente al anti-reino. Es contar la misma historia desde aquella clave aún no considerada. El resucitado are posibilidades y da herramientas de comprensión desde otra perspectiva. Ver la realidad con esperanza.

Quinto momento: SABER CELEBRAR. Ver Lc 24, 28-30. Celebrar recupera la festividad y capacidad de apreciar las situaciones con más claridad. Donde la relación más-más hace testigos de la resurrección y acción de Dios. Es el momento de compartir, agradecer, orar, alabar.

Sexto momento: SABER DECIDIR-TESTIMONIAR. Ver Lc 24, 33-34. El otro se hace testigo, la palabra se hace posibilidad de Vida, donde se tiene la posibilidad de mostrar que el Señor está vivo.

Séptimo momento: SABER RECUPERAR-SISTEMATIZAR. Ver Lc 24, 35. Es recuperar la historia, hacerla conciente, recuperar las narrativas. Se entiende la propia historia, sujeto de la acción de Dios.


Octavo momento: SABER FINALIZAR. Ver Lc 24, 31-32. Se desaparece para que el otro surja y asuma nuevamente su vida, sin generar dependencias, dejando el corazón encendido y resucitado.




__________________________
[1] COMPAÑÍA DE MARÍA. Juntos… tras las huellas de los apóstoles pobres: formación para la vida montfortiana. Roma: Abilgraph. 2005, p. 93-94, 146-147.
[2] Ibid. 148-151
[3] Ver Ibid, 55
[4] Ibid. 51-52
[5]Ver articulo sobre La dirección y el acompañamiento en la experiencia de San Luis María de Montfort
[6] ARANGO ALZATE, Oscar Albeiro y MEZA RUEDA, José Luis. El discernimiento y el proyecto de vida: Dinamismos para la construcción de sentido. Colección fe y universidad. Bogotá D.C: PUJ. 115 p. ver p. 59-85
[7] Ver Ibid. p. 63
[8] Ibid
[9] Los autores citados: Ibid. ARANGO ALZATE y MEZA RUEDA hacen la propuesta de un encuentro de relación “yo”-“tu”. Sin embargo, teniendo presente a Jolif, la propuesta que hago es ésta, dado que las relaciones con el otro, lo otro y lo totalmente otro son a la par, de más - más –en la expresión ya conocida–. Por ello, al tratarse de dos personas, cada quien es un “yo” y a su vez un “tu” que se relaciona con otro que es también “yo” y “tu”. La construcción en el encuentro que se da en los niveles de más-más sugiere más bien lo que propongo. Ver JOLIF, J.Y. Comprender al hombre: Introducción a una antropología filosófica. Salamanca: Sígueme, 1969. p. 149-308. La antropología de Jolif es de origen judío y muy cercana, aunque es de tipo filosófico, a la antropología teológica; lo cual ubica la mirada cristiana en la visión del hombre completo a partir de las categorías filosóficas como una estructura formal de la reflexión antropológica, que presentan un movimiento interno en que, la totalidad (1ª categoría) tiende a constituirse dentro de la alteridad y la diferenciación, donde la dialéctica debe encontrarse a través de la totalidad, desembocando en la metafísica como la apertura de la experiencia a su más allá.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Itinerario espiritual 3: EL CAMINO DE CONSAGRACIÓN TOTAL A JESÚS POR MARÍA (VD 227 – 233)


EL CAMINO DE CONSAGRACIÓN TOTAL A JESÚS POR MARÍA (VD 227 – 233)
Por: P. Jaime Oved Cabrejo, smm




1. Se hace camino al andar… indica un dicho popular que viene de un bello poema de Machado ¡Y cuánta verdad encierra! Basta dar una ojeada hacia atrás en nuestras vidas para darnos cuenta de tantos lugares, personas, situaciones… que hemos vivido… para darnos cuenta que en efecto hemos recorrido un camino… Estamos rodeados de caminos. Necesitamos caminos. Las calles son caminos, las carreteras son caminos, las escaleras son caminos, los atajos son caminos, los senderos son caminos… nos movemos por caminos… Y esos caminos tienen tramos, etapas, pasos… pero también tienen un término, un destino… llevan a alguna parte. Los caminos que no tienen destino no son caminos, son laberintos, son “huecos”. Esos caminos que tienen etapas y punto de llegada son los que llamamos itinerarios.


2. En la fe también hay caminos, pero no todos son itinerarios. Algunos no llevan a nada… San Luis María de Montfort, caminante del siglo XVI, sí que sabía de caminos… de los de polvo y barro y de los de fe y amor. Era misionero itinerante, como quien dice caminante. Y de itinerarios… ni se diga. Revisando sus escritos los descubrimos por todas partes…


3. Uno de ellos es el que presenta en estos números del Tratado de la Verdadera Devoción a María (227 – 233). El itinerario de consagración total a Jesús por María. Creo que se trata del itinerario más claro y práctico de todos los que propone porque recoge su intuición fundamental y la pone en funcionamiento. Se trata de un camino que tiene como elemento central la consagración total precedida por un serio camino de preparación y seguida por unas prácticas concretas que la sostienen.


4. Digo que tiene que ver con la intuición fundamental porque para Montfort el objetivo de la vida de una persona y también de toda la espiritualidad – o devoción, como él lo dice - es la de alcanzar la madurez cristiana que consiste en la configuración con Jesucristo[1] para reproducir en la vida concreta sus rasgos. Se trata del ideal del evangelio que es llegar a ser “otro Cristo” (Gal 2,20), “tener los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús” (Fil 2,5)…


5. Ahora bien, para lograr este fin Montfort propone un itinerario en dos movimientos: uno de vaciamiento y otro de llenado. El mismo itinerario del Verbo encarnado tal como lo presenta San Pablo en el cántico de los filipenses[2]. Se trata solo de una indicación esquemática con un desarrollo muy escaso. El misionero está dando indicaciones y señalando el camino a seguir, pero no lo explicita. Quien quiera configurarse con Jesucristo deberá seguir su mismo itinerario. El medio didáctico concreto que propone es el que conocemos como el “mes montfortiano” que consta de 33 días distribuidos en las dos partes del camino: 12 días para el vaciamiento y tres semanas (21 días) para llenarse de Jesucristo[3].


6. El primer movimiento es el de vaciamiento de lo que Montfort llama “el espíritu del mundo”. La indicación de “doce días por lo menos” nos da la idea de un periodo mas bien largo dedicado a este proceso de reconocer la presencia del mal en la persona y ejercitarse en el desprendimiento de todo aquello que la separa de su verdadero fin que es la realización personal, su verdadera felicidad. Lo que Montfort expresa en este número es realmente muy corto. Hay que ir a sus demás escritos para hacernos una idea más amplia de lo que pretende en esta primera etapa del itinerario. Y tal vez lo encontramos en el Amor de la Sabiduría Eterna en el capítulo séptimo dedicado a la elección de la verdadera sabiduría (VD 74 – 89). Allí habla de la falsa sabiduría o “sabiduría mundana” como contraria a la verdadera sabiduría que es la divina. Vale la pena leer con detenimiento este capitulito y hacer con Montfort una radiografía del ser humano y de la sociedad para descubrir la manera cómo actúa en nosotros el mal y el pecado.


7. A nivel práctico me parece que al proponer este itinerario en el acompañamiento espiritual y en la formación podemos aprovechar para la parte del vaciamiento lo que las ciencias nos ofrecen tan abundantemente hoy a nivel de análisis de la realidad y de la persona humana. En concreto podemos valernos, por ejemplo, de los análisis que hace la pastoral social, o el informe sobre el desarrollo humano de la ONU, o el capítulo segundo de Aparecida… Ya a nivel de persona es necesario hacer que entre en ambiente de interiorización, de reflexión y de silencio interior… De lo que se trata es que quien hace el itinerario perciba en sí mismo la realidad del espíritu del mundo o de sabiduría mundana y que se disponga a iniciar un camino serio de seguimiento del Señor. Me parece que los libros de espiritualidad de Anthony de Mello, de Nowen, de Anslem Grum… ayudan para lo que queremos.


8. El segundo movimiento es el del llenado de Jesucristo en la persona. Es el principal movimiento para el cual Montfort propone 21 días distribuidos en tres semanas: la primera dedicada al conocimiento de sí mismo, la segunda al conocimiento de María y la tercera al conocimiento de Jesucristo. Como se ve el acento se marca sobre el conocimiento. Pero no cualquier conocimiento, sino un conocimiento sapiencial, es decir, vivencial, nutritivo, sabroso, dulce… (ASE 8-14) Un conocimiento de cercanía y comunión… Nadie ama lo que no conoce (ASE 8), dice Montfort.


9. La primera semana del segundo movimiento está dedicada al conocimiento de sí mismo[4]. Es interesante ver como Montfort percibe este conocimiento. En primer lugar es un don que hay que pedir. No proviene de un simple ejercicio de análisis introspectivo que puede engañarnos con las falacias de la sabiduría mundana. El conocimiento de sí mismo es un don que Dios concede cuando lo pedimos con espíritu de humildad. Pero este don está unido a la contrición de los pecados, es decir, a progresiva toma de conciencia de la realidad de mal y del pecado que hay dentro de la persona. No basta con conocerse sino que es necesario disponerse a liberarse y progresar en humanidad. En segundo lugar es un don que hay que trabajarlo poniendo en práctica algunos medios tales como la meditación y la oración. Para meditar Montfort aconseja sabiamente – no sin exagerar - considerar las propias debilidades y limitaciones. Para orar recomienda dirigirse al Espíritu Santo y a María para pedir la gracia de este conocimiento.


10. Creo que para el conocimiento de sí mismo podemos valernos de tantas técnicas que nos da hoy la sicología y la PNL. Claro, será necesario saber escoger bien entre todo para quedarnos con aquello que mejor nos ayuda al fin que perseguimos con la formación y el acompañamiento. A nivel bíblico podemos hacer lectio divina de textos que hablan de la teología del pecado y de la pasión de Jesús. Incluso podemos tomar los mismos textos que Montfort recomienda de sus escritos (VD 78-79).


11. La segunda semana se dedica al conocimiento de María[5]. Al igual que en la etapa anterior se trata de un don que concede el Espíritu Santo al creyente que se dispone a recibirlo en una actitud especial de reflexión y oración. María viene a ser aquí el ambiente que prepara a la persona para el encuentro con Jesucristo (VD 265). A nivel práctico creo que es válida la sugerencia de Montfort acerca de meditar algunos textos que él mismo ha escrito (VD 16‑36; 83‑89) y orar con el rosario Incluso podría tomarse todo el Tratado de la Verdadera Devoción y el Secreto de María, además de los recientes documentos de la Iglesia sobre María (LG 8, Marialiis Cultus, Redemptoris Mater, RVM…) y otros. A nivel bíblico se pueden tomar los evangelios de la infancia.



12. La tercera semana, en el culmen del camino, se dedica al conocimiento de Jesucristo[6]. Siguiendo la dinámica del presente itinerario las indicaciones que da Montfort para esta etapa apuntan a la meditación y a la oración. Meditación que se centra en la persona de Jesucristo y en la Buena Noticia que proclama y oración que pide constante e insistentemente su conocimiento como don.



13. Siendo esta la etapa clave del itinerario creo que debemos dedicar nuestros mejores esfuerzos para que el creyente tenga de verdad un encuentro vivo, existencial, profundo y prolongado con el Maestro y se haga de verdad su discípulo. Lo que busca esta etapa en el fondo es lo que llamamos iniciación cristiana. Para ello no basta con leer o meditar algunos textos sobre Jesús. Es necesario proporcionar espacios de encuentro para vivir la experiencia fundante, algo así como el retiro de opción por Cristo que hacemos los montfortianos en la Animación Vocacional. Luego hay que vivir experiencias de encuentro con la Palabra a través de la lectio divina del Nuevo Testamento. Lo mejor será tomar algunos itinerarios de los evangelios, de los hechos o de las cartas paulinas. Además habrá que introducir al caminante en una experiencia de pequeña comunidad en la que pueda compartir su fe con otros caminantes. Aparecida es una guía valiosísima para conocer vivencialmente a Jesucristo y hacerse discípulo misionero.


14. El llamado “mes montfortiano” culmina con la celebración de la Consagración Total a Jesús por María[7] en una ceremonia muy comprometedora y al mismo tiempo sobria; bien preparada a nivel interno y externo. Se centra en la renovación de las promesas bautismales y en la entrega generosa y amorosa a Jesucristo confiándose en las manos de María. Dicha entrega debe manifestarse en un signo externo.



15. Después de la Consagración[8] no termina el itinerario, sino que se hace vital, cotidiano, continuo. Para ello Montfort recomienda renovar el ejercicio de las tres semanas cada año y repetir continuamente una pequeña fórmula que la recuerda. Con esto se busca reavivar el don del conocimiento sapiencial y acrecentarlo.



16. Este es el itinerario que propone Montfort rápidamente expuesto en sus elementos fundamentales. Nos toca a nosotros inspirarnos en él y hacerlo actual, realizable, posible para nosotros mismos y para la gente a la que somos enviados hoy. Creo se puede proponer de varias maneras:



* Como “mes montfortiano” de cuatro semanas seguidas, tal como se ha hecho ya varias veces en América Latina. Pero debemos darle más forma, más agilidad y sencillez para proponerlo a los laicos y a los monfortianos. ¿No será este un medio privilegiado para ofrecer desde nuestros centros de espiritualidad?
* Como retiro de opción por Cristo, con duración, destinatarios y contenidos adaptados a las circunstancias.
* Como contenido para nuestras misiones populares.
* Como itinerario de acompañamiento personal para la gente que se acerca a nosotros.
* Como experiencia prolongada de formación montfortiana. Tal como se viene aplicando en el Noviciado Latinoamericano.
* Otras maneras creativas…



Notas
[1] Véase, por ejemplo: VD 120: La plenitud de nuestra perfección consiste en asemejarnos, vivir unidos y consagrados a Jesucristo. VD 273: me consagro a Jesucristo para llevar mi cruz con El, en la fidelidad de cada día a la voluntad del Padre. VD 61: Primera verdad. El fin último de toda devoción debe ser Jesucristo, Salvador del mundo, verdadero Dios y verdadero hombre. Ver también el N. 63. ASE 225: …me consagro totalmente a Jesucristo, la Sabiduría encarnada, para llevar mi cruz en su seguimiento todos los días de mi vida y a fin de serle más fiel de lo que he sido hasta ahora. ORACIÓN DE LA CORONILLA: …hasta que por medio del Espíritu Santo, tu Esposo fidelísimo, y de ti, Esposa suya fidelísima, sea formado en mí Jesucristo, tu Hijo, para gloria del Padre celestial. CARTA N. 20: En la nueva familia a la que ahora pertenezco, estoy desposado con la Sabiduría y con la cruz. Ellas constituyen todos mis tesoros temporales y eternos, terrenos y celestes.
[2] “…El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo tomando condición de siervo haciéndose semejante a los hombres y apareciendo en su porte como hombre; y se humilló a sí mismo, obedeciendo hasta la muerte y muerte de cruz. Por lo cual Dios le exaltó y le otorgó el Nombre, que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es Señor para gloria de Dios Padre”. (Fil 2:6-11)
[3] “Quienes deseen abrazar esta devoción particular ‑no erigida aún en cofradía, aunque sería mucho de desear que lo fuera‑ dedicarán ‑como he dicho en la primera parte de esta preparación al reinado de Jesucristo‑ doce días, por lo menos, a vaciarse del espíritu del mundo, contrario al de Jesucristo, y tres semanas en llenarse de Jesucristo por medio de la Santísima Virgen”. VD 227
[4] “Durante la primera semana dedicarán todas sus oraciones y actos de piedad a pedir el conocimiento de sí mismos y la contrición de sus pecados, haciéndolo todo por espíritu de humildad. Podrán meditar, si quieren, lo dicho antes sobre nuestras malas inclinaciones, y no considerarse durante los seis días de esta semana más que como caracoles, babosas, sapos, cerdos, serpientes, cabros; o meditar estos tres pensamientos de San Bernardo: “Piensa en lo que fuiste: un poco de barro; en lo que eres: un poco de estiércol; en lo que serás: pasto de gusano”. Rogarán a Nuestro Señor y al Espíritu Santo que los ilumine, diciendo: ¡Señor, que vea! (Lc 18,41); o: “¡Que yo te conozca!”; o también: ¡Ven, Espíritu Santo! Y dirán todos los días las letanías del Espíritu Santo y la oración señalada en la primera parte de esta obra. Recurrirán a la Santísima Virgen pidiéndole esta gracia, que debe ser el fundamento de las otras, y para ello dirán todos los días el himno Salve, Estrella del mar y las letanías de la Santísima Virgen”. VD 228
[5] “Durante la segunda semana se dedicarán en todas sus oraciones y obras del día a conocer a la Santísima Virgen, pidiendo este conocimiento al Espíritu Santo. Podrán leer y meditar lo que al respecto hemos dicho. Y rezarán con esta intención, como en la primera semana, las letanías del Espíritu Santo y el himno Salve, Estrella del mar y, además, el rosario o la tercera parte de él”. VD 229
[6] “Dedicarán la tercera semana a conocer a Jesucristo. Para ello podrán leer y meditar lo que arriba hemos dicho y rezar la oración de San Agustín que se lee hacia el comienzo de la segunda parte. Podrán repetir una y mil veces cada día con el mismo santo : “¡Que yo te conozca, Señor!”, o bien: “¡Señor, sepa yo quién eres tú!” Rezarán, como en las semanas anteriores, las letanías del Espíritu Santo y el himno Salve, Estrella del mar, y añadirán todos los días las letanías del santo Nombre de Jesús”. VD 230
[7] “Al concluir las tres semanas se confesarán y comulgarán con la intención de entregarse a Jesucristo, en calidad de esclavos de amor, por las manos de María. Y después de la comunión ‑que procurarán hacer según el método que expondré más tarde ‑ recitarán la fórmula de consagración, que también hallarán más adelante. Es conveniente que la escriban o hagan escribir, si no está impresa, y la firmen ese mismo día. Conviene también que paguen en ese día algún tributo a Jesucristo y a su santísima Madre, ya como penitencia por su infidelidad al compromiso bautismal, ya para patentizar su total dependencia de Jesús y de María. Este tributo, naturalmente, dependerá de la devoción y capacidad de cada uno, como ‑por ejemplo‑ un ayuno, una mortificación, una limosna o un cirio. Pues, aun cuando sólo dieran, en homenaje, un alfiler, con tal que lo den de todo corazón, sería bastante para Jesús, que sólo atiende a la buena voluntad”. VD 231-232
[8] “Al menos en cada aniversario, renovarán dicha consagración, observando las mismas prácticas durante tres semanas. Todos los meses y aun todos los días pueden renovar su entrega con estas pocas palabras: “Soy todo tuyo y cuanto tengo es tuyo, ¡oh mi amable Jesús!, por María, tu Madre santísima”. VD 233.

sábado, 13 de septiembre de 2008

PRIMER ITINERARIO: CAMINO DE MONTFORT HACIA LA SABIDURÍA






Por: P. José Luis Sandoval, smm



OBJETIVO

Ver el itinerario que lleva a Montfort a experimentar a Jesús como la Sabiduría de Dios y a darlo a conocer como tal

Descubrir en este itinerario de Montfort, primero luces que nos permitan ver cómo vamos experimentando nosotros a Dios. Segundo motivarnos a ver qué “imagen” de Dios necesito en este momento de mi vida para seguir creciendo.

Aquí no se trata de vivir lo que Montfort vivió sino de ver su camino, que me ayude a ver y descubrir mi camino hacia Jesús


CÓMO EXPERIMENTA MONTFORT A DIOS


Dios es uno y se nos revela. Sin embargo cada persona lo experimenta de una forma peculiar.
Montfort experimenta a Jesús, de modo preferencial, aunque no exclusivo, como la Sabiduría de Dios.

Que lo lleva a experimentar a Jesús de esa forma?


1. Su situación personal

Para esa experiencia sin duda alguna favoreció mucho su situación al momento de organizar y estructurar su vivencia espiritual en el libro “El Amor de la Sabiduría eterna”. Es posible que su experiencia orada fuera la motivación para escribir este mismo libro Acordémonos que allí en una pequeña celda debajo de una escalera, y en el más completo abandono, humanamente hablando, Montfort dedicó horas enteras a la contemplación. “El libro lo podemos ver como su respuesta a la crisis por la que estaba pasando”. Benedetta Papasogly The man who came up from the wind. Singapore 1987. Pg 171

Caracterización de su situación personal:

→ Era la de una búsqueda existencial: el de cómo vivir su sacerdocio.

→ Está recibiendo amor y rechazo: por un lado el amor de los más pobres hacia él, en el hospital de Poitiers y Salpetriere, y por el otro el rechazo de los que son considerados grandes en el medio en el que él se mueve.

→ Sufre el desengaño: Hasta las personas en quienes ha depositado su confíanza, lo rechazan: “Todos los amigos que tuve en otro tiempo en París me abandonaron” (C 15)

→ Vive en carne propia las contradicciones del mundo: en el hospital de Poitiers ha hecho mucho bien y en poco tiempo: Éste ha mejorado espiritual, moral, material y disciplinariamente y sin embargo no solamente no es valorado su trabajo, sino hasta mal interpretado. (C.11)

Meditando todo eso en el corazón, buscando sentido a lo que está viviendo, siente que esa es la lógica de Dios, que ésa es la Sabiduría de Dios. Así fue la experiencia de Jesús, sabiduría crucificada. No es posible que la cabeza esté coronada de espinas y los miembros de rosas.

Pero además ora y busca con esperanza: así como la cruz de Cristo terminó en la victoria él manifiesta su confianza ilimitada de que el Señor lo sacará victorioso en todos sus combates : ASE 51.


2. La influencia femenina en su vida

Otro factor que le hace experimentar a Jesús con el nombre femenino de Sabiduría es la influencia femenina en su vida : la de su madre, la de su nodriza, el apoyo de algunas mujeres como el de la señora de Montespan. Son las mujeres las que mejor responden al mensaje que él expresa.

3. Su experiencia pastoral.

En su experiencia pastoral descubre la locura de la Sabiduría: Con la intención de formar “la comunidad de la Sabiduría” invitó primero a jóvenes de clase media quienes rehusaron la invitación, entonces escogió a jóvenes limitadas físicamente y fue todo un éxito.

Así pues en medio de sus dudas en cuanto a cómo vivir su sacerdocio, en medio de sus problemas y desengaños, pero también de sus éxitos pastorales, meditando y contemplando todo esto ante el Señor con una confianza ilimitada en él, logró Montfort experimentar en el fondo de sí mismo, a Dios Sabiduría, “el tesoro escondido” por el que valía la pena sacrificarlo todo


Además se dió cuenta cómo esa presencia y fuerza de Dios Sabiduría estaba transformando su dolorosa situación en una experiencia dulce y fructuosa. “Nunca he logrado mayor número de conversiones que despues de los entredichos más crueles e injustos” C. 26

4. Mirada crítica sobre la realidad que lo rodea

Montfort detecta la necedad de su época:

- Un mundo muy machista, gobernado por reyes. Un mundo en guerra.
- Un mundo formal y de apariencias. Un ejemplo su padre quiere tener un título de
Nobleza
- Un mundo dualista. Lo sagrado y lo profano
- Un mundo injusto: escandaloso lujo de los ricos frente a la galopante pobreza del pueblo
- Un clero con poder y separado del pueblo común y corriente.
Montfort descubre no solamente que eso va contra los valores evangélicos sino que en el fondo es pura vanidad. Recordemos aquí sus meditaciones cuando trabajaba en una morgue.
.
Contrapuesta a ésta Montfort va encontrando y proponiendo la Sabiduría que viene de Dios

En esas circusntacias Montfort escribió “ para sí y para la Iglesia su libro de la sabiduría” Benedetta P.


PARA NOSOTROS:
1 ver si he tenido alguna o algunas experiencias sorprendentes de Dios y descubrir qué vivencias han facilitado dichas experiencias.
2 Cuál es nuestra imagen preferida de Dios?
Esa imagen mía de Dios a qué necesidades mías está respondiendo?
3 Según mi estado actual cuál imagen de Dios me ayuda a unir lo que hoy estoy viviendo
con lo que debo ser?


SEGUNDO ITINERARIO:

CÓMO MONTFORT LOGRA DESCUBRIR Y SER FIEL A SU VOCACIÓN

El Objetivo de este segundo itinerario: cómo hacer un discernimiento espiritual, y como ser coherentes con el discernimiento hecho.

La Sabiduría, imagen femenina, es el alma de la creación, es el espíritu, es lo interno, es la
intuición, la fantasía, que tiene sus manifestaciones externas.

Así con Dios Sabiduría Montfort une lo interno con lo externo; la mística con la misión; lo intuitivo con lo Pragmático; lo contemplativo con lo misionero: Asi podemos deducir Montfort un hombre sabio según la sabiduría de Dios.




¿Cómo logra Montfort hacer esa síntesis existencial, y a descubrir así su vocación?

Primero: Montfort pone mucho cuidado a lo que pasa en su interior, a las mociones del espíritu: desde sus años de estudiante lo ven como retraído, ensimismado.

Esa actitud le lleva a descubrir lo que hay en lo profundo de su corazón, lo que le atrae y seduce:

- Ya desde los inicios de su sacerdocio encuentra dentro de sí tres deseos fuertes: 1. llevar una vida oculta, contemplativa, ascética. 2 un deseo ardiente de dar a conocer el amor de Dios a través de una vida misionera entre los pobres, 3 Servir al Señor en los pobres, dedicándose a las obras de caridad. (C.6)

Segundo: Montfort hace conscientes estos deseos profundos, los formula y los comparte.

Tercero: confronta estos deseos con el Evangelio y se da cuenta que los tres están en la línea del mensaje de Cristo.

Cuarto: discierne si los tres vienen de Dios o solo son caprichos, o cuál de ellos viene de Dios. Siente que los tres son fuertes, ardientes y constantes. Entonces son señales infalibles que los tres vienen de Dios. C 16

Para saber a cuál de estas tres posible vocaciones el Señor lo llama: Montfort sigue varios pasos

1. se pone a disposición de Dios: quiere realizar la voluntad de Dios. C 5

2. Pide al Señor que le manifiesta esa voluntad .Por eso ora con intensidad y confianza: pues Dios no resiste la plegaria de quien así le pide (C.16)

3. Montfort se da cuenta que hay peligros: si hay signos claros de cuál es la voluntad de Dios, las dudas y desconfianzas hay que mirarlas como tentaciones del demonio.

4. También Montfort tiene su manera de saber cuando algo bueno en sí, no es para él la voluntad de Dios: si pides algo intensamente y pones todo el esfuerzo en realizarlo pero al final se constata que no se puede llevar a su cumplimiento, quiere decir que eso no es querido por Dios. C 33

5 Otro criterio para encontrar la voluntad de Dios: ver si lo que yo quiero responde a las necesidades de la iglesia y de la gente.

Con estos criterios y disposiciones: Montfort se escucha a sí mismo en lo más profundo de su ser, le pone cuidado a estos tres profundos deseos, y al final descubre que no es necesario negar ninguno sino responder a los tres. Escuchándose a sí mismo en una actitud orante descubrió la voluntad de Dios.

Cómo ir tras los ideales asumidos. Cómo ser coherentes. Cómo realizarse en su vocación

Montfort tomó la decisión de responder a estos tres deseos, ellos serían sus guías en su vida personal y apostólica.

Pero la decisión no es suficiente, es necesario ver los medios: tener programas y aprovechar las oportunidades que la misma vida le va presentando: Montfort supo encontrar espacio y tiempo a la realización de cada unos de estos deseos. Fue misionero, contemplativo, fundador de obras sociales en la linea de la educación y atención a los más necesitados. Las congregaciones fundadas tienen la inteción de responder a sus grandes deseos.

Principios que le ayudaron a ser fiel a estos propósitos:

Tener siempre presente los objetivos: para no desviarse de ellos:
Uno de sus objetivos por ejemplo es el de vivir bajo el auspicio de la Providencia de Dios. Este objetivo le hace renunciar a una canonjía, y también a salir entre otros motivos del equipo misionero del P. Leuduger, pues no está de acuerdo de tener padrinos que financien las misiones populares. Ve claramente que su puesto no está en la comunidad del P. Leveque……

Urgencia en el actuar Algo que hizo que Montfort desarrollará obra tan gigantesca en tan corto tiempo era la urgencia que el ponía a su actuar: Cuando se está seguro de cuál es la Voluntad de Dios hay que hacerlo ya: el Espíritu Santo no admite dilaciones: C 30.

Profundidad. La urgencia debe estar acompañada por la profundidad: Montfort no busca simplemente el Reino de Dios sino la perfecta realización del Reino, no propone la verdadera devoción a María, sino la perfecta devoción a María.

Ser al mismo tiempo realista y soñador Montfort logra esa integración viviendo en el presente, la tensión entre el pasado y el futuro: el pasado: vivir como apóstoles pobres y el futuro creando los cielos nuevos y la tierra nueva, por eso prepara los apóstoles de los últimos tiempos.

Vivir permanentemente la relación entre lo interno y lo externo: lo externo es expresión de lo interno, Lo interno crece cuando se exterioriza en sí mismo: todo lo que Montfort dice y hace está animado por lo que siente, por lo que lo hace vibrar. Enseña a vivir esa relación: la devoción a María es interna y externa.

De esa forma logra hacer que su apostolado no sea sino la dimensión apostólica de su espiritualidad

Poner por escrito sus sentimientos y experiencias. Montfort escribiendo descubre cómo integrar los grandes deseos de su corazón: escribiendo va aclarando su pensamiento, lo va estructurando y va viendo la relación profundo entre realidades aparentemente contradictorias.